Por ello, más allá del atractivo externo de la casa o departamento, así como de las promesas que ofrece el constructor, en especial si se trata de una preventa, como comprador es estratégico que pienses en aquello que no se ve, en el estado oculto del inmueble, ya que los llamados vicios ocultos pueden devaluar tu patrimonio y hacerte perder mucho dinero y tiempo.
Estructura vs mantenimiento
Tuberías con fugas, áreas comunes sin terminar, filtraciones de agua, aplanados botados, manchas de salitre y goteras, así como conductos tapados, son algunos de los daños más comunes por los que la gente emite quejas contra las desarrolladoras, apunta un reportaje de la Revista del Consumidor, editada por la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco).
Según especialistas del sector, los vicios ocultos son las fallas que surgen después del uso del inmueble –actualmente es muy común que se presenten problemas en conjuntos habitacionales que no tienen más de cinco años de vida-, y que por lo general es responsabilidad del constructor.
Quizá si se deja de dar mantenimiento al inmueble, será más probable que surjan los daños profundos que ya tiene el predio, aunque el vicio oculto suele generar perjuicios antes de que se pueda pensar que es por falta de manutención, o incluso habiendo dado un buen cuidado al inmueble. Estos suelen afectar el uso de la vivienda y devalúan su precio de forma sustancial.
Los deterioros que en principio son imperceptibles, con el tiempo aparecen principalmente en las instalaciones hidráulicas y eléctrica, en las estructuras que sirven de sustento a la vivienda (trabes, celdas de cimentación, columnas y losas), así como en los acabados. Por ello, cuando se busca comprar una vivienda, ya sea nueva o usada, es muy importante pedir la asesoría de un especialista que verifique hasta la calidad de los materiales usados en la construcción, y éste puede ser un arquitecto.
Si vas a comprar un inmueble nuevo, sería bueno que observes:
-La seriedad de la desarrolladora o prestadora de servicios.
-La calidad de los materiales usados en la construcción, o bien, verificar que se cumpla con el tipo de material prometido a la hora de la promoción del inmueble.
-Verificar el lugar en donde está cimentada la construcción: no es lo mismo levantar un edificio en una zona lacustre, que en una superficie firme. En la primera será necesaria una plataforma o plancha, que distribuya de forma uniforme los cimientos; en donde hubo o hay lago, los cimientos tienden a hundirse. Esto puede hacerse con un estudio de mecánica de suelo.
-Probar desde las llaves y tomas de agua, que sirvan los contactos, y verificar que no estén sólo sobrepuestas, es decir, checar lo más básico que es el buen funcionamiento de las instalaciones.
-Finalmente es importante conocer el hábitat del predio, es decir, el vecindario. Incluso hay quien sugiera visitar el edificio a diferentes horas del día, así como platicar con la gente que ya está viviendo ahí.
-Es importante conocer qué tipo de negocios hay cerca, cuáles son las principales vías de acceso, y hasta el alumbrado público.
Asimismo, a la hora de comprar un inmueble, es necesario solicitar del promotor los siguientes documentos, según la Ley Federal de Protección al Consumidor (LFPC):
-El proyecto de construcción completo.
-Las autorizaciones y licencias de la construcción, específicamente las que tengan que ver con las especificaciones técnicas, uso de suelo, clases de materiales utilizados.
-Los planos estructurales, arquitectónicos y de las instalaciones.
-Información sobre el tipo de estructura del predio, acabados...
-Y verificar que el constructor o desarrollador haya registrado sus contratos ante la Profeco.
Fuente.Gabriela Balcázar.M3.